www.morenoesquibel.com

Quizá la polémica despertada por la reciente tentativa de lanzar un debate en torno a la racionalización del mapa sinfónico vasco ha ayudado, pero el caso es que Bizkaia y Bilbao mostraron su apoyo a la Sinfónica de Bilbao en la inauguración de ayer a través de sus máximos representantes, José Luis Bilbao e Iñaki Azkuna. Les acompañaban otros responsables públicos, y con ellos estaba también Joaquín Achúcarro: lúcido y amable, y con una viva inteligencia atenta a todo. Se entusiasmó con un par de fotos de la exposición. Una, la que muestra a Maurice Ravel con Pablo Sorozabal en la sala de la Sociedad Filarmónica de Bilbao. Otra, el retrato que le hizo hace unos meses Enrique Moreno Esquibel, y que me permito colgar hoy aquí (con la venia, Enrique: y te eché de menos ayer, pero trabajabas). El pianista pidió copia, pero no me corresponde a mi hacérsela llegar: no es mía.

Me dijo Asís Aznar, sonriente y feliz, que la colaboración entre la BOS y la Filarmónica debiera retomarse antes del Centenario; yo no puedo estar mas de acuerdo, ni menos sorprendido, pero no me corresponde a mi el escucharlo, sino a vosotros el leerlo. Le acompañaban dos miembros de la directiva de esa Filar que es al mismo tiempo la madre, el padre, la abuela y el joven hermano de todas las instituciones musicales de Bilbao. Hizo Asís que le explicara el origen de una de las dos fotos que la exposición muestra en el muro dedicado a la Filarmónica, que él no conocía. Sinceramente me hinché un poco. Y pude decirle que la exposición tiene tres muros que son a la vez información y homenaje: el suyo -el de la Filar-, el de Achúcarro y el dedicado a los abonados de la BOS. Tres tesoros inmensos para la Sinfónica.

Escuché muchas mas cosas, y también vi otras. Vi a muchos músicos de la Orquesta, a muchos melómanos, a muchos amigos y amigas; percibí también dos ausencias clamorosas de las que nada diré, pues en realidad nada restaron. Y escuché a buenos amigos felicitándome (gracias) y a otros que no me quieren tanto felicitándome también, muy cumplidos -¡gracias!-, e incluso algunos no supieron decirme nada al salir por la puerta: exceso de emoción o falta de talante. Tampoco les vi marcharse.

Hoy, dentro de un rato, visito la exposición con un grupo. Me va a gustar volver a verla, aunque ya pienso en cosas nuevas. Volveré a fijarme en los ojos de Achúcarro en esta foto, mientras toca una propina en el concierto de su 80º cumpleaños. Qué hombre listo.